Para la mayoría de personas, los desfiles de las top model, es la primera imagen que viene a la mente cuando evocamos el mundo de la moda. Un desfile tiene combinaciones de creatividad, glamour y artificio; que conducen a que compremos ropa que realmente no necesitamos. Es difícil imaginar una industria sin marketing, sea la que sea, pero solo la moda tiene una desmesurada dependencia frente a este. La creatividad y los negocios son la unión perfecta y una de las claves del éxito de las marcas prestigiosas, que logran ser retenidas en la mente de los consumidores.

Tal es el caso de los desfiles en las semanas de la moda, que marcan la parada en sus escenarios, como por ejemplo Chanel (prët-á-porter, otoño invierno 2015-2016), bajo el concepto de una brasserie (restaurante) típica parisina, donde usualmente concurre no solo la clase media francesa, sino también turistas. En este escenario espléndidamente recreado, desfilan las modelos vestidas con la última colección de Karl Lagerfeld. La estrategia es perfecta: moda de lujo en un ambiente modesto y tradicional francés.

Cada detalle es pulcro y premeditado. Por ejemplo, las invitaciones al desfile es una emulación a los menús de restaurante. Los meseros sirven jugos, cafés y croissants a las modelos imitando un escenario común y corriente de la restauración parisina.

En cuanto a la colección “per se”, este desfile combina texturas, gran variedad de colores neutros, oscuros y  pasteles; además de figuras geométricas coherentemente combinadas que rompen con diferentes prejuicios, como armonizar gallineto con cuadros escoceses. Hay también accesorios atemporales como: zapatos beige con punta negra, perlas, y el bolso 2.55 reinventado en incomparables matices. A pesar de tener un allure burgués, elegante y femenino, tiene elementos andrógenos en su maquillaje y peinado.

El año pasado Chanel también nos maravilló recreando un supermercado. Por consiguiente, en seis meses esperamos que nos sorprenda con algo sencillo, autentico, majestuoso y propio de Paris, como siempre lo ha hecho.

Evidentemente en cualquier esquina que uno se pare en la ciudad, se inhala moda, elegancia y glamour. Inspirarse allí, para crear no es difícil para estos artistas genios. No he visto ningún otro lugar que repose más sobre su herencia y exclusividad que Francia en general.

El mundo de la moda es todo excepto insignificante. Según Verdict Research el mercado de los productos de moda de lujo representa 450 billones de dólares en el 2012. Esta enorme industria está dirigida por creaciones artísticas y está combinada con estrategias de mercadeo, como el posicionamiento y la evolución sofisticada de las marcas, propios del mercado de la moda, que valen la pena seguirlas de cerca, pues podrían inspirar tácticas comerciales en cualquier otra industria.

La moda, así mismo, es sumamente importante en la sociedad, nos da la oportunidad de ser artistas sobre nuestro propio cuerpo, en tanto los accesorios y prendas de vestir son una forma de expresar lo que sentimos, como nosotros nos vemos y como queremos ser considerados por los otros. Vincent Peters, reconocido fotógrafo de moda declara que: “la moda esta en todos lados, y así no estemos interesados, hemos estado confrontados alguna vez a ella. Uno no compra ropa, uno compra una identidad”.

Esta identidad está unida a los valores de marca, que se comunican silenciosamente en cada producto. Así las cosas, hay espacio para las más elegantes, sexys, frívolas, intelectuales, o recatadas. La moda comprende también nuestro estilo de vida que se puede inscribir en un paisaje urbano o rural. Es decir, los teléfonos portables, carros, decoración de la casa, las redes sociales, las boutiques, los destinos turísticos y hasta los sitios donde nos encontramos con amigos y familiares hacen parte de los caprichos de la moda. Estos son creados y recreados por los profesionales del sector, que juegan a seducir a sus clientes e invitarlos a invertir su dinero.

¿Por qué nos seduce la moda?

Porque la industria de la moda es una fábrica de deseos que hace soñar al más incrédulo. Unido al lujo, es un castillo impenetrable de fachada elegante, legendario, y de fuertes estructuras donde la inaccesibilidad hace parte de su imagen.

Escrito por Johana Vargas.